Allan Gabriel Flores Guzmán | Investigador CROP A.C.
En un contexto sociopolítico caracterizado por la complejidad de los problemas públicos y la creciente desconfianza hacia las instituciones tradicionales, los Think and Do Tanks surgen como actores estratégicos que combinan la generación de conocimiento con la acción directa. Su importancia en la incidencia pública radica precisamente en esa doble naturaleza de pensar y hacer. Es decir, no solo producir ideas, diagnósticos y propuestas, sino también ponerlas a prueba en el territorio, con las personas y comunidades que enfrentan cotidianamente los desafíos que las políticas buscan resolver.
A diferencia de los tradicionales Think Tanks, centrados en la investigación y la formulación de políticas, los Think and Do Tanks integran la experimentación como una parte esencial del proceso. No se conforman con ofrecer recomendaciones a gobiernos u organismos, sino que implementan prototipos, evalúan resultados y retroalimentan su propio conocimiento a partir de la práctica. Este modelo amplía la razón de ser de la investigación aplicada al incorporar la acción colaborativa, lo que permite traducir las ideas en posibles transformaciones sociales viables y medibles.
Su capacidad de incidencia pública se estructura a partir de tres componentes esenciales: la evidencia, la articulación intersectorial y la comunicación estratégica.
- La evidencia da legitimidad a sus propuestas.
- La articulación intersectorial permite que distintos sectores —gobierno, academia, sociedad civil y sector privado— encuentren un terreno común para cooperar
- La comunicación estratégica convierte la información técnica en mensajes comprensibles y movilizadores para el sector poblacional donde se pretende incidir.
En conjunto, estos elementos fortalecen la capacidad de influencia de los think and do tanks en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas.
A partir de esta base metodológica, los Think and Do Tanks logran integrar la evidencia con la práctica, actuando como mediadores entre el conocimiento especializado, las experiencias comunitarias y fortaleciendo el vínculo entre gobierno y sociedad.
En México y América Latina, donde las desigualdades estructurales y la fragmentación institucional dificultan la cooperación, este modelo representa una oportunidad para innovar en la gestión pública y el fortalecimiento de la democracia.
En este sentido, CROP, como think and do tank, asume el reto de construir soluciones colectivas desde la evidencia y la acción, impulsando procesos donde el conocimiento se convierte en componente de cambio social. Su labor demuestra —como se mencionó anteriormente— que pensar y hacer no son etapas separadas, sino partes complementarias de un mismo compromiso: transformar la realidad desde el presente.